Por: Christian Reyes

29 de Enero 21

Durante décadas, la competencia profesional de la sociedad en general se centró en obtener un grado académico lo más alto posible (Maestría, Doctorado, Especialidad, Diplomados) o como se conocen comúnmente habilidades duras, sin prestar la necesaria atención a las habilidades blandas, pues se consideraban meramente una notoriedad del individuo y no algo en lo que se debería poner especial atención.

Con el paso de los años y la apertura que ha existido sobre desarrollar e investigar habilidades blandas e inteligencias múltiples, es que debemos cuestionarnos que tan preparados estamos para afrontar y en sí ejercer, los trabajos y empleos del futuro.

Hablemos de la estrecha relación que existe entre el desarrollo de las inteligencias múltiples y las habilidades blandas.

Las habilidades blandas o Soft Skills se definen como una combinación de habilidades personales – sociales (habilidad social, de comunicación, hábitos personales, liderazgo, etc.), mismas que un Administrador de Proyectos debe poseer para llevar a buen término la gestión de interesados, gestión de conflictos, gestión del tiempo, manejo del estrés, servicio al cliente, entre otras, dado que hoy día nos vemos enfrentados a lidiar con ello durante todo el ciclo de vida de los proyectos, y que por esto mismo, es que debemos mantener un equilibrio físico, mental, psicológico y cultural para lograr las metas deseadas.

El desarrollo de las habilidades blandas no puede ni debe alejarse del desarrollo de las inteligencias múltiples, que de acuerdo con el modelo de entendimiento desarrollado por Howard Gardner estas inteligencias trabajan juntas, aunque como entidades semiautónomas, las cuales se van desarrollando dependiendo el entorno cultural y en muchas ocasiones no existe una correcta combinación de estas y se limitan al tipo de educación estandarizada que no distingue los matices diferenciales del individuo.

Las inteligencias múltiples se encuentran divididas (hasta el momento) de la siguiente manera:

Si consideramos la mezcla y desarrollo constante de las mismas, lograríamos incrementar y potenciar la capacidad de visualizar entre varias alternativas para la resolución de cierta cuestión; un abanico de habilidades mucho más variado y rico para entender y ver puntos de vistas que nos acerquen a gestionar correctamente los distintos problemas que encontramos en cada sociedad, en cada proyecto. Ahora bien, si consideramos la fuerza laboral de los equipos de trabajo de una organización y aplicamos en cada individuo un incentivo para desarrollar un equilibrio entre unas y otras habilidades, tendremos ante nosotros individuos y equipos preparados para entender el negocio, afrontar nuevos proyectos, crear nuevos productos, gestionar correctamente las comunicaciones y en general, agregar más valor a la organización.

Como vemos, el futuro de los Administradores de Proyecto tiene mucho que escribir por delante; entender y acoplarse a la nueva normalidad, es parte de adoptar y quizá, redescubrir estas inteligencias en nosotros mismos, antes de continuar con nuestra antigua semblanza y presencia en los proyectos actuales y del futuro cercano.